De Roncesvalles a Pamplona, un paseo en dos etapas

Cuesta abajo


Como ya conté en otra entrada, la primera etapa de Saint Jean es extremadamente dura, y la mayoría de peregrinos salen desmoralizados. No es sólo una cuestión física, también es mental. Por eso, lo que viene después parece un paseíllo, ya que la mayor parte es cuesta abajo.

Para que veáis que no exagero, os muestro un gráfico de las primeras etapas.



Cambio de paisaje


El paisaje es más suave y las montañas menos escarpadas pero bosques más frondosos con árboles altísimos. Cuentan que en estos bosques se práctico la brujería y fueron el escenario de varios aquelarres en el siglo XVI, lo cual originó la quema de varía gente por herejía. Encontramos muchos ríos y valles y los pueblos de piedra están muy cuidados.

Concretamente en Zubiri, hay una playa fluvial perfecta para descansar y bañarse, y los pies están tan doloridos que sumergirse en el agua fresca es mejor que cualquier masaje. En ese pueblo finalizamos la etapa y tuvimos la "gran suerte" de ver sus fiestas locales y conocer algo más las costumbres de la zona. Todo empezó bien con el vino,  la cena, el ambiente de las calles... Dejó de ser tan divertido cuando los nativos del lugar, ya con más alcohol que sangre en las venas, creyeron que era buena idea intentar entrar en nuestro dormitorio y lanzarn piropos hacia nosotros y nuestras madres. Cuando encendieron algún petardo hacia nuestra ventana y trataron en serio de entrar, empezamos a asustarnos y hubo que llamar a la policía para disuadirlos de su propósito. Por lo demás, muy majos y muy hospitalarios, aunque la delicadeza no sea su fuerte.


















Un primer paréntesis en el Camino

Improvisando... ¿o es la voluntad del Camino? 


A los más pragmáticos, como yo, no deja de chirriarnos oír a gente mas mistica hablar del Camino como un ente con un voluntad y un plan trazado para todos nosotros. Frases como "lo que el Camino tiene preparado para ti", "esto es una de las lecciones que te está dando el Camino" o "déjate sorprender por el Camino" están a la orden del día. Claro que esta aventura es un contexto ideal para conocerte mejor, darte margen para improvisar y sacarte de tu entorno habitual, pero de ahí a que haya una conciencia o voluntad que maneja los hilos... La cuestión es que, según estos ilumonados, el Camino debía tener una idea algo distinta a la mía respecto al inicio del viaje porque me ha cambiado todos los planes jaja.

Adelanté dos días mi partida para pasar algún tiempo en los Pirineos franceses. No pude quedarme en Saint Jean y sus alrededores porque se avecinaba tormenta y era mejor moverse a Roncesvalles para no tener que estar encerrada por la lluvia. Una vez en la siguiente etapa me ocurrió lo mismo, y así la tormenta me ha ido pisando los talones hasta Pamplona. No puedo abandonar esta ciudad hasta el martes porque el lunes por la noche viene una amiga desde Barcelona y se une a la marcha durante unos días. De este modo, me encuentro pasando casi tres días (llegué ayer a mediodía) en una ciudad preciosa pero minúscula. Caprichos del Camino, será que algo tiene pensado: que escriba más en el blog y que descanse, que planee bien las siguiente etapas, quizá.

Por un lado, me sabe mal haberme descolgado de alguna gente con la que había hecho muy buenas migas. Por otro sé que no tardaré en entablar conversación con otras personas (de hecho ya ha ocurrido). Quién sabe si al Camino se le antojará volvernos a juntar. Lo que es seguro es que encontraré más gente con la que caminar y charlar.  Todavía no me he iluminado y por eso dudo mucho del demiurgo-Camino y de sus planes magistrales.

Voy a colgar algunas fotos de los últimos dias.



Kiera es de Bermudas y la conocí nada más bajar del autobús en Saint Jean; ha sido nadadora olímpica y ahora es profesora de inglés.  Vitaliy es de Letonia, habla todos los idiomas que puedas imaginar y ha recorrido medio mundo como mochilero, es muy ddivertido.  Álex es de Barcelona y, como yo, se enamoró del Camino desde el primer minuto, prueba de ello es que con anginas y fiebre sigue siendo el alma de toda esta gran fiesta y abandonar ni siquiera es una opción plausible para él. Bruno es italiano,  y muestra de su temeridad es que accedió sin dudar a ensayar conmigo el salto de Dirty Dancing. Gracias por ese gran momento. 









También están Aitziber, una chica que en vez de piernas tiene dos cohetes y energía para parar tres trenes. Se pierde durante más de una hora y aun así llega antes q nadie, y para no aburrirse hace etapas dobles. La conocí el en coche desde Barcelona y cslculo debe estar casi en Finisterre. Tambien están Rubén e Itziar, que aunque son ciclistas llevan también mochila a cuestas y van a por todas. Viendo a esta tropa, una empieza a pensar que será cierto que esta gente del norte es de otra pasta porque en mi pueblo llevamos otro ritmo. A estos seguro que no los alcanzo en este viaje.



Las amistades del Camino


Si algo tiene el Camino es que te centra en el presente, te ayuda a reflexionar sobre el pasado y te ayuda a tomar decisiones, pero estás tan centrado en seguir la marcha, en cubrir tus necesidades, que vives el instante como nunca lo habías hecho. Escuchas tu cuerpo y liberas toda tensión mental, de modo que tu cabeza entra en una especie de trance que te hace sentir vivo y liberado. Es sanísimo, pura cordura. Todo lo que en nuestra vida habitual no tenemos aquí surge espontáneamente.

En las relaciones personales es lo mismo: se muestra cortesía pero se saltan muchos prejuicios y protocolos. Si la gente se siente cómoda, se abre; y si prefieren retraerse, lo hacen sin más, por lo que las afinidades resultan muy intensas y evidentes.

Cuando vas en travesía eliges tu grado de soledad: resulta tan sencillo ir solo como tener conversaciones de todo tipo (ya sean reiviales o de terapia),  igual que es fácil unirse a algún grupo como formar uno nuevo. Desde el principio parece que se conozca a las personas desde mucho tiempoatrás y abundan las confesiones íntimas, así como las pandillas improvisadas. No sabes si volverás a encontrarlos,  si serán amigos de una hora, de dos días o para siempre.

De nuevo, disculpad las faltas de ortografia y redacción, los que me conocéis bien sabéis que suelo cuidar estas cosas pero ahora mismo prefiero agilizar con el movil que perder tiempo en cibercafés.


Atravesando la frontera

La etapa que une Saint Jean con Roncesvalles es tan hermosa como difícil, hay quien dice que la más complicada de todo el Camino Francés.  Solamente son 24 km pero todo cuesta arriba y soeteando el mayor dwsnivel de todo el Camino. Sin embargo, la belleza del paisaje y todas la referencias históricas y literarias que asociacio con esa zona la hacen imprescindible en mi camino.

Los caminos son empinados y con un contraste de verdes y cambios de paisaje preciosos, alternando valles y zonas boscosas. Es una zona de pastores y encontramos cabras, vacas y caballos a cada paso. Seguramente hay mucha más fauna pero se esconden de los peregrinos.

Al cruzar la frontera acudieron muchas ideas a mi mente. Recordé todas las guerras que habían surgido por definir una línea que solamente tiene sentido en los mapas, ya que al extender la vista uno solo puede ver el paisaje como una unidad indivisible, un continuo indomable. Pensé en las muertes por defender ese absurdo, en la gente que se había visto obligada a cruzar a pie esas tierras por huir de otras ideas igualmente absurdas. Literatura e historia, hay tantas referencias a este laisaje que no terninariamos nunca. Desde los exiliados por la Guerra Civil a las Guerras Carlistas, la guerra de independencia, las rutas de contrabandistas, y también, cómo no,  en la leyenda de Roldán.

No es tan larga en cuanto a km pero sí se tarda mucho en recorrerla por ser tan dura. No hay pueblos entre los dos puntos y casi todo el mundo tarda unas ocho horas en las que no tiene opciones de partir la etapa en dos jornadas, y al final ves Roncesvalles, el monasterio encajado en el valle y dan ganas de llorar de la emoción. Los tobillos no me respondían y estaba agotada, apenas tenia fuerzas ni para sentir hambre, realmente es un tramo muy duro para iniciarse. Si no hubiera hecho otras partes del Camino,  habría sido bastante descorazonador. Por suerte, sé que no todo el Camino es tan exigente.

Hice muchísimas fotos, pero dejo una selección.  Con calma ya contaré más cosas.

Saint Jean

Primer día

Existe la opción de empezar en Saint Jean Pied Du Port, una etapa preciosa que empieza en el Pirineo Francés, atraviesa la frontera con España y que finaliza en Roncesvalles, y ese era mi plan.

Dicen que el Camino comienza cuando uno sale de casa, y así fue en mi caso. Iba a Pamplona en un coche de Blablacar y desde ahí un autobús a Francia. Ya en el coche coincidí con una chica que también hacia el mismo recorrido que yo, de modo que desde el primer minuto todo se tiñió del espíritu peregrino. De hecho,  hemos estado juntas estos dos primeros días.

Saint Jean es un pueblo increíble, de postal, en los que todo está cuidado y limpio y te transporta a otra época.  Amurallado y con un río que lo atraviesa, es digno del paisaje que lo enmarca. Todo el pueblo está volcado en el turismo y es como un pequeño escaparate.  Es difícil encontrar cosas esenciales a buen precio y no todos los que atienden tienen un concepto de amabilidad que sea aceptable... bienvenidos a Francia.

El albergue era sencillo pero limpio y tiene muy buen ambiente, algo más caro que los de España pero con todo lo necesario y al pie de la muralla, con unas vistas privilegiadas desde la habitación.

Los peregrinos campan a sus anchas y la oficina de amigos del camino es excelente. Desde el primer momento encontré otra gente que se disponía a caminar que deseaban entablar conversación: muchos vascos, varios barceloneses pero también gente coreana, franceses, italianos, ingleses, estadounidenses y otras nacionalidades. Me sorprendió mucho conocer a gente que llevaba ya tiempo peregrinando, algunos desde Italia, otros atravesando Francia, pero la mayoría comenzábamos ese día y estábamos emocionados. Por supuesto, en el albergue hubo una pequeña celebración improvisada en la que los que repetimos contamos lo que sabíamos a los que se estrenaban.

Mi idea inicial era pasar un par de días en la zona francesa y explorar pueblos antes de comenzar a caminar, però sé aproximaba un temporal y decidí adelantar mi marcha. Llevo dos días de travesía y el temporal va pisando me los talones, siempre detrás de mí según avanzo, así que espero que no me alcance. Aun así, tendré que detenerme

Os dejo algunas fotos y disculpad la redacción y el formato, pero desde el teléfono estoy muy limitada a la hora de editar entradas.

Ideas erróneas acerca del Camino de Santiago


Afortunadamente el Camino se ha vuelto muy accesible y es cada vez más conocido. La otra cara de la moneda de este fenómeno es que se han extendido ideas erróneas o poco precisas, incluso entre algunos peregrinos.


El apóstol jamás llegó a Santiago


Se peregrina hasta Santiago para visitar la supuesta tumba del Apóstol, pero en ningún documento se habla de la peregrinación del discípulo de Cristo. Siento comunicaros que Santiago jamás estuvo ahí, al menos no en vida. Galicia es el lugar donde se hallaron los restos atribuidos a Santiago, pero se cree que llegaron en una barca por mar hasta Finisterre. La visita de esta tumba es la motivación que tenían los peregrinos para llegar desde los lugares más recónditos, pero no por emulación del recorrido que hiciera Santiago sino por llegar a un lugar considerado Sagrado.


El peregrinaje termina en Santiago de Compostela. ¿Y FInisterre?


Igual que cada peregrino comienza donde quiere (o donde puede) lo mismo ocurre con el final. La mayoría se dirige a Santiago de Compostela y ahí termina su aventura, y cada vez son menos los que prosiguen hasta el cabo de Finisterre, pro algunos peregrinos deciden continuar hasta ver el mar.

Finisterre es el punto más occidental del continente, y durante siglos se creyó que más allá solamente había abismos y monstruos. De hecho, en latín significa literalmente "el fin del mundo" y hay muchas leyendas y vinculaciones esotéricas con este cabo.



La Concha como símbolo del peregrino


Simboliza una vieira, un molusco especialmente rico  y típico de Galicia.Una versión moderna de la concha sirve como logo oficial del Camino y se usa para indicar la ruta, señalar albergues y demás puntos relacionados con el Camino.

La mayoría de los peregrinos llevan una concha en algún lugar: colgada de la mochila, atada al bastón, o como adorno en sus ropas, y está presente en muchos carteles y demás documentación moderna. Sin embargo, la concha es algo que se obtenía una vez se llegaba a Santiago de Compostela, pero no antes: se recogía como prueba de haber llegado hasta el mar a Finisterre o en su defecto a Santiago donde se entregaba junto con el certificado o Compostela que acreditaba haber finalizado.



En su sentido original, la concha era un premio, una muestra de haber alcanzado la meta, por eso no tiene sentido llevarla desde el inicio de la peregrinación.


El Camino es de un único sentido. ¿Seguro?



Al margen de las motivaciones que impulsen nuestro peregrinaje, este recorrido suele formar parte de unas vacaciones. Nos trasladamos hasta el punto de partida, recorremos las etapas según lo hemos planeado, y, al llegar a Santiago o a Finisterre, tomamos un medio de transporte que nos devuelva a nuestra casita.
Antes no era así, no podía ser así. Partían desde su casa y trataban de alcanzar Santiago con los medios de que disponían, y cuando la gente alcanzaba su meta, solamente había recorrido la mitad puesto que tenía que regresar a su hogar. 


Es poco habitual hoy en día ver peregrinos recorriendo el Camino en sentido inverso, pero los hay. Tiene mucho mérito, ¡con lo que cuesta solamente llegar en un único sentido!

¿Quién dijo que segundas partes nunca fueron buenas?

Casi un año de silencio


El año pasado interrumpí repentinamente las publicaciones en el blog porque igual de súbito fue mi abandono del Camino. Por desgracia, me lesioné y tuve que abandonarlo entre lágrimas. Eran de rabia, no de dolor.
Podría haber puesto una entrada de despedida, aunque fuera más tarde, pero no me sentía con ánimo. Ahora que me dispongo a continuar con el Camino me apetece seguir con este cuaderno virtual, que me sirve más de diario que de ventana al mundo. Por supuesto todos sois bienvenidos a acompañarme de nuevo.
He releído algunas entradas y me ha hecho gracia mi cambio de perspectiva ahora que ya tengo otra experiencia, y de hecho en los próximos días publicaré una corrección del equipaje que creo imprescindible. Lo material, sin embargo, solo es una de las cosas que veo de modo distinto.
No fue una lesión grave, solamente una sobrecarga en el tendón de Aquiles derecho debido al sobreesfuerzo, y solamente con reposo y algunas sesiones de fisioterapia, (¡gracias, Nuri, eres una crack!) me recuperé por completo.

Todo deja su huella

Gracias a la lesión, aprendí algunas cosas fundamentales:
1. Mi cuerpo también tiene límites. Ya sé, descubrir con 29 años que una es mortal y que se puede romper es algo cómico, pero más vale tarde que nunca. No estoy acostumbrada a no lograr lo que me propongo y esa experiencia me hizo aceptar sin más las cosas tal cual venían, y aprender a escuchar a mi cuerpo, a darle un respiro, a ser indulgente.
2. No llegar hasta el final no es ningún drama. De hecho, este año no lo retomo donde lo dejé, ni siquiera me propongo llegar a Santiago. Comienzo en los Pirineos y quiero llegar hasta León, porque es lo que me cuadra por fechas y la zona que quiero recorrer. ¿Y qué si no llego a Santiago? Ya lo haré algún día, no voy a perderme todo lo demás solo por llegar a un punto. Como dijo María, “el Camino siempre vaa estar ahí para ti”.
3. Mi desempeño como peregrina dejaba mucho que desear. No por falta de entrenamiento ni por el equipaje, ni siquiera por el bajo rendimiento. Pero no descansaba ni dormía, no me tomé días de descanso, hacía demasiados kilómetros al día, y todo este agotamiento eso me pasó factura. Tan malo es no llegar como pasarse, y mi caso era un ejemplo de exceso. Ya hablaré más en detalle de qué hice bien y qué hice mal.

Algunas de estas cosas pueden parecer una obviedad, pero cuando estás sumergido en la dinámica de ir a por más, cuando te obsesiona la idea de llegar, surge un tipo de enajenación. Y porque desde fuera todo parece muy sencillo, pero a ver qué hacemos cada uno de nosotros cuando nos plantamos delante del espejo…


Lo dicho, espero aprender de lo sucedido y que esta vez todo vaya de otro modo.


El hombre nunca se baña dos veces en el mismo río...


Porque ni el hombre ni el río son el mismo, dice Heráclito. Eso es lo que siento ahora No es una repetición sino una continuación. No es lineal, porque la consecutividad es una ilusión. Ni es a continuación en el tiempo ni en el espacio, pero sí en mi experiencia, en mi momento vital.

Me gusta este poema de Borges, en que cita al filósofo griego y lo interpreta a su manera. Afortunadamente yo no siento esa pesadez vital que transmite Borges, pero sí esa fatalidad (en el sentido de inexorable, inevitable) de seguir con la búsqueda y con el Camino, aunque se esté viejo y ciego.

Somos el río que invocaste, Heráclito.
Somos el tiempo. Su intangible curso
acarrea leones y montañas,
llorado amor, ceniza del deleite,
insidiosa esperanza interminable,
vastos nombres de imperios que son polvo,
hexámetros del griego y del romano,
lóbrego un mar bajo el poder del alba,
el sueño, ese pregusto de la muerte,
las armas y el guerrero, monumentos,
las dos caras de Jano que se ignoran,
los laberintos de marfil que urden
las piezas de ajedrez en el tablero,
la roja mano de Macbeth que puede
ensangrentar los mares, la secreta
labor de los relojes en la sombra,
un incesante espejo que se mira
en otro espejo y nadie para verlos,
láminas en acero, letra gótica,
una barra de azufre en un armario,
pesadas campanadas del insomnio,
auroras, ponientes y crepúsculos,
ecos, resaca, arena, liquen, sueños.


Otra cosa no soy que esas imágenes
que baraja el azar y nombra el tedio.
Con ellas, aunque ciego y quebrantado,
he de labrar el verso incorruptible
y (es mi deber) salvarme.


                                  Jorge Luis Borges