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Peregrinar bajo la lluvia

Primeros achaques


Me cuesta, las jornadas me resultan mucho más duras que en otros Caminos. Elemental, querido Watson: si he venido ya agotada físicamente y sin entrenar, es normal que me canse y me salgan ampollas. 

Llevo un par de días aguantando con mucho esfuerzo el ritmo de Álex y Tereza. Ellos empiezan tarde y prolongan mucho la jornada con largas pausas, sus etapas son de 30 km o más. Yo, en cambio, prefiero madrugar mucho y salir casi al alba, apretar el paso y hacer pequeñas pardas de 5 minutos cada hora, con el objetivo de recorrer 20 o 25 km antes de la hora de comer, momento en que me detengo.


Este tipo de jornada en la que las tardes no son para descansar hacen que me levante cansada y sin haberme recompuesto del día anterior. Entre el cansancio acumulado de mi vida en Barcelona y el Camino, me están saliendo las primeras llagas. Nunca antes las había tenido, solo había sufrido sobrecarga muscular, así que escucho lo que me dice mi cuerpo: tengo que frenar.

Cada día les digo a mis compañeros de viaje: "comienzo a caminar con vosotros pero me detendré antes". Sin embargo, por la tarde me siento animada y llena de fuerzas, así que prosigo un poco más. Sé que tendremos que separarnos, llevamos objetivos y ritmos muy distintos, pero por el momento disfruto mucho de su compañía. Vamos conociendo otra gente y surgen conversaciones de todo tipo.

Caminar con lluvia


Estos días el cielo estaba gris ceniza pero no llegaba a llover, y se agradecía la ausencia de un sol castigador. Sin embargo, hoy ha roto a llover de forma muy fastidiosa. Ojalá hubiera llovido fuerte un rato breve, pero se ha limitado a soltar una llovizna irritante todo el día. Caminar con este calabobos es desesperante: si te pones el chubasquero se crea un efecto invernadero sobre tu cuerpo que te cuece entero y te abraza de calor y el plástico sobre las orejas crea un desagradable ruido distorsionador que no permite ir hablando ni disfrutar de los sonidos de la naturaleza. Finalmente elijo mojarme la cabeza y cubrir solamente la mochila.

El suelo está embarrado y resbaladizo, por lo que hay que tener cuidado, especialmente teniendo los pies delicados y doloridos, ya que la pisada es menos firme. Los grupos grandes y la lluvia crean grandes tapones y a veces cuesta pasar bien por los lugares estrechos. Parecemos un romería de condones gigantes.

Sin duda, está siendo el camino más complicado, tanto por mi baja forma física como por la saturación de peregrinos, que limita la improvisación, pero los momentos mágicos no faltan. Al final, lo que importa es aprender y avanzar en cualquier circunstancia. 




La casa del Alquimista, un alto en el Camino

Cambio de rumbo


Había terminado mi primera etapa hasta Triacastela, solo había recorrido 20 km pero no era necesario forzar la máquina el primer día. Tenía ya un albergue privado y me había duchado, deshecho la mochila y descansado. Parecía que solo tenía que dejar pasar la tarde, tomar unas cañas con los compañeros de camino y descansar para el día siguiente. Pues no.

Mi amigo Álex, casualmente, estaba haciendo el camino también y creíamos que en algún momento coincidiríamos, ya que él había comenzado en un punto más lejano. Finalmente llegó a Triacastela el mismo día que yo a las 16h y nos tomamos algo, entonces me dijo que su intención era continuar unos pocos km más. Pensé "what the fuck, si llevas ya un montón recorrido solo hoy" y me dijo que le habían hablado de un lugar muy especial que se llamaba Casa del Alquimista a "solo" 8 km de ahí. Lo miro con cara de perdonarle la vida y le digo "llevo AÑOS queriendo ir a esa casa y no he ido por esperarte". Abro mi guía y le muestro la marca del mapa donde pone a mano "Antonio el Alquimista". Me mira, de ríe y me dice: "¡Entonces vamos!".

Claro, lo sensato habría sido decir que no, pues ya estaba cansada y cambiada... ¿Pero quién piensa en lo sensato? Nos pusimos los tres en marcha, y es que había conocido a una chica Checa con la que tuve muy buen presentimiento, Tereza.

Casa de Antonio el Alquimista


Llegamos relativamente tarde, casi las siete de la tarde y se nos recibió con los brazos abiertos. Antonio es un espíritu libre que ofrece su casa particular a cualquier peregrino o persona que desee visitarlo. Acepta la voluntad para cubrir los gastos pero no es un albergue ni nada parecido. En su casa solo hay una regla: el respeto. Dejando eso, toda regla social es cuestionable y disfruta habiendo construido un espacio ajeno a muchas de las convenciones sociales. Además, se dedica a crear cuadros maravillosos hechos de arena de mineral molido, tiene un jardín y una huerta maravillosos y su cocina es de las antiguas, con cocina de leña.


Estuvimos un rato relajados en el jardín y luego preparamos una crema de verduras extraídas de su huerta, ayudamos a preparar la cena y hacer las camas. Delicioso, cenamos junto a otra gente que también estaba de paso y la charla fue poco convencional y amena. Jugamos a un juego que determinó quién fregaba los platos.

Al día siguiente, Antonio me tiro las cartas y me dijo que debía estar atenta a todos los cambios que me sobrevienen para poder aprender la lección que me tienen preparada, relajar la mente y abrir las emociones, y que grandes cambios estaban por venir. No creo mucho en las cartas pero no me parece mal consejo, así que lo tendré presente.

Antonio tiene un espacio maravilloso dedicado a la meditación y Tereza y yo practicamos yoga antes de salir.

La magia de Galicia


Mi jornada se alarga, no tengo tanta energía como el dia anterior, pero me siento tan a gusto con Álex y con Tereza que fuerzo un poquito la máquina. Estas etapas son a través de aldeas y bosques mágicos, con praderas increíbles contrastando con el hedor de estiércol. Cruzamos bosques de eucalipto y nos contamos cuentos de hadas que imaginamos que suceden en esos parajes. Hay tiempo para pensar, para hablar, para reír... Ojalá el tiempo se detuviera en estas jornadas.

Los campos son muy verdes y el cielo gris, siempre sentimos la amenaza de la lluvia pero por el momento se queda en un cielo cascarrabias que no termina de cumplir sus promesas. Las cuestas y bajadas son frecuentes, cosas que desgasta las rodillas, pero mantiene al viajero siempre atento: ahora un bosque, luego una pradera, un riachuelo, luego una aldea, siempre ruidos de animales como perros, gallos, pájaros, vacas... Tan rural que parece de otro tiempo. Galicia es atemporal, ese es su encanto y su condena.

Seguimos teniendo problemas para encontrar albergue, tenemos que llamar y reservar porque todo está completo. Los grupos numerosos son cada vez más comunes y en ocasiones generan tráfico. Son lo más prosaico que tiene la ruta, pero hay que lidiar con ello.

Salida desde O Cebreiro

Preparativos


Comienzo mi tercera edición del camino, lo retomo en O Cebreiro, no sin algunas reservas. Tengo miedo de que esté demasiado masficado y cueste encontrar albergues, y que, por tanto, los grupos grandes asfixien la magia que tienen otras etapas. Pese a todo, tengo muchas ganas de echarme a andar y volver sentir el Camino: el reto físico, conocer a gente distinta, conversaciones inesperadas, imporovisación, vivir austeramente y tener tiempo para pensar.

Mi última semana en Barcelona ha sido una locura. Eran mis últimos días en la empresa y debía dejar todo atado antes de terminar con esta etapa laboral, compaginarlo con ir temprano al nuevo trabajo para recibir la formación mínima, lo que prácticamente implica tener dos trabajos, y al terminar todavía había que preparar todo lo del viaje, cenas y despedidas; ha sido más de lo que mi cuerpo y mi mente están acostumbrados. Finalmente llegó el viernes y me despedí de todos, tomé el AVE a Madrid y cené con unas amigas. Al día siguiente, llegué a o Cebreiro con un blablacar. Todo muy frenético pero finalmente todo ha salido según lo planeado.

Me preocupa que me dejen tirada las botas, y es que he encontrado unos pequeños agujeritos en mis amadas botas de
montaña. ¿Cómo es posible si la última vez estaban perfectas?

Creo que hay una explicación, y es que mis queridos bebés han pasado demasiado tiempo jugando entre mis zapatos. Son adorables pero en el momento de descubrir su fechoría los habría matado. Demasiado tarde para comprar unas nuevas y adaptarme a ellas, todos sabemos que nunca hay que estrenar zapatos en una travesía importante. Me encomendaré a los dioses y esperaré que no se rompan del todo.

Llegada  O Cebreiro


Todos los albergues, públicos y privados, están completos, así que tengo que alquilar una habitación en una pensión. Se confirma el rumor de que no es fácil conseguir alojamiento, pero me lo tomo como una oportunidad de descansar antes de la primera jornada. Casi no he podido ni dormir y, por supuesto, ni siquiera entrenar, así que me vendrá bien reposar.

Mientras ceno, hablo con un señor francés que habla una mezcla extraña de todas las lenguas románicas pero que consigue hacerse entender. Es muy religioso y vive como un vagabundo a merced de la caridad ajena, pero es muy culto e inteligente. Ahora se encuentra haciendo el Camino pero de regreso, así que no coincide con nadie más de una sola noche. A pesar de mis prejuicios iniciales, estoy muy cómoda hablando con él y consigue entender muchas cosas de mi sin apenas conocerme, solo leyendo mi cuerpo y mis parcas palabras. Siempre viene bien recordar que los prejuicios nos limitan y que cualquiera puede aportarnos algo. Bendito camino.

La primera etapa 


Me pongo a caminar con mucha energía, se nota que es mi primera jornada y que ayer descansé bien. Soy consciente de que no podré mantener este ritmo todas las etapas pero me dejó llevar por la euforia. Extrañaba estas partidas al alba en las que el el paisaje va descubriéndose poco a poco.

Galicia me recibe con su niebla característica y agradezco que el calor no nos asfixie. No me cuesta encontrar compañeros de viaje, y prácticamente todo el tiempo estoy con Michael, un alemán que dejó la psiquiatría para escribir libros de autoayuda y viajar. Nos contamos nuestra historia y a ambos se nos saltan las lágrimas.

Llego a Triacastela donde el albergue tiene un larga fila de mochilas esperando, la mayoría de un grupo de estudiantes muy numeroso, así que tengo que ir a un albergue privado. Empiezo a ser consciente de que el alojamiento no es tema de broma en estas etapas.


Me he sentido muy a gusto, el paisaje es uno de los más bonitos del Camino y tengo unas ganas increíbles de seguir la aventura. Todo es verde y abundan las su idas y bajadas, pero por suerte apenas aprieta el sol.









La Porta del Cel, próximo reto montañero


Vacaciones de este año


Este año no hay Camino de Santiago, por falta de tiempo y por otras circunstancias, pero eso no significa que no vaya a tener mi dosis de evasión y regreso a la vida austera del mochilero. Duras jornadas de caminata, refugios poco lujosos, horarios inflexibles, pero mucho contacto con la naturaleza y con uno mismo, el reto mental y la libertad de sobrevivir con lo estrictamente necesario. Ciertamente, lo que para alguna gente es la peor pesadilla para sus vacaciones resulta adictivo para muchos otros, entre los que me incluyo. Este año dispongo de poquitos días de vacaciones así que me divido entre una ruta circular por los Pirineos y un congreso de baile en la playa. Habrá mucha actividad, maravillosa compañía y grandes experiencias, pero cero descanso. Ya sabéis que me va la marcha.

Estoy preparando la Porta del Cel, que en catalán significa “la puerta del cielo”, y estoy realmente emocionada, por la ruta en sí pero también por el reto que supone. Nunca he hecho una travesía tan dura y la estoy preparando bien. Estos días estoy recabando toda la información, ya he cerrado la reserva de todos los refugios, reuniendo todo el material necesario, etc. Estos preparativos del viaje hacen que las ganas crezcan de manera increíble. Nunca he hecho una ruta de estas características: las excursiones difíciles nunca han durado más de un día y el Camino de Santiago, pese a ser más largo, tenía una dificultad moderada, lo que lo convierte en un reto es su duración. Aquí, en cambio, se unen dificultad con duración. ¡Me siento como una niña pequeña antes de descubrir un nuevo mundo!


Características generales


Es una travesía circular que habitualmente se hace en cuatro o cinco etapas, incluye el ascenso a la Pica d’Estats, el pico más alto de Cataluña y uno de los más altos de los Pirineos (3.146 m) justo en la frontera entre España y Francia, pasando algunos tramos importantes en el país vecino.

Los paisajes con increíbles y la dificultad bastante elevada si no se está mínimamente en forma y habituado a la montaña: son 65 km y el desnivel acumulado es de 11.000m, siendo necesario el uso de crampones y piolet durante buena parte del año. Como todo, la dificultad es siempre relativa y depende del bagaje y el estado de cada excursionista, pero para mí supone un buen escalón hacia un reto superior.


Algunas de las maravillas de esta ruta son:

·         Ascensión a uno de los picos más altos de la Cordillera Pirenaica, la Pica d’estats.
·         Paso por el lago de Certascan, el lago natural más grande de los Pirineos Catalanes.
·         Noarre, una agrupación de refugios de piedra usados por los pastores, tiene apariencia de pueblo y está en un lugar recóndito apartado de todo.
·         Lagos increíbles como Estanys Blaus o el de Romedo

La ruta se divide normalmente en cinco etapas y pasa por los siguientes puntos:





Principales incentivos


Parajes impresionantes: toda la ruta es de una belleza espectacular, llena de contrastes, totalmente alejada de la civilización.

Poco señalizado: eso implica aprender a leer mapas sin depender excesivamente de las pintadas en el suelo, orientarte por las indicaciones y haber preparado la ruta. La mayor parte del camino tiene pocas indicaciones y la zona francesa no tiene ninguna. Desde la organización recomiendan ir con GPS o alquilar uno, ir con mapa cartográfico y brújula.

Los refugios: son lugares recónditos tan apartados que tienen que abastecerse por helicóptero, llevado por guardas con verdadera vocación alpinista.

La dificultad: algunas de las etapas son largas y duras, se necesita un mínimo de condición física y no es precisamente un paseo llano. La complicación es directamente proporcional a la satisfacción de lograrlo.



Curiosidades



He leído algunas cosas interesantes sobre la región, por ejemplo que durante mucho tiempo fue zona de brujas, hubo muchos juicios contra mujeres acusadas de brujería a lo largo del s. XV y XVI, y muchas de ellas terminaron condenadas. Se usó esta cacería de brujas a ciegas para someter al pueblo y reafirmar el poder feudal de los señores de estas tierras

Hasta que España formó parte de la UE era uno de los principales pasos de contrabandistas, y se pasaba tabaco, licores, animales, etc, tanto hacia Francia como hacia Andorra.

Debido a que es una zona de difícil acceso, la gastronomía tradicional se basa en todos los elementos de la propia tierra y es completamente autosuficiente. Abunda la caza y el ganado, así como muchos productos recolectados del bosque.

Lyon











Inicio un poco accidentado


El viaje en Blablacar comenzó de un modo algo surrealista. Me costó Dios y ayuda contactar con el conductor para concretar hora y lugar en Barcelona. Salía desde Almería y tenía que pasar en Barcelona para recogernos a mí y a otro chico, y debíamos encontrarnos sobre la una de la madrugada en Sants. No hablaba ni papa de español, pero me escribía (deduzco que usando un traductor online) diciendo que cuando llegara otro pasajero que hablaba español me llamarían.

Cuando me llamó el chico en cuestión me quedé bastante desconcertada al decirme que los tipos con los que viajaba no le daban ningún buen rollo y que no permitiría que su hermana o su novia viajaran en estas condiciones. Parece que eran tres chicos de Argelia, primos entre sí, según él apestaban y paraban cada dos horas para rezar. Me entró el miedo, claro está, pero me sentía un poco vendida porque no veía el modo de irme a chamonix si a ultima hora decidía no subirme con ellos. Volví a llamarlo al cabo del rato y, charlando con él, llegué a la conclusión de que podía estar exagerando. Parecía un poco conservador y me di el margen de pensar que a lo mejor no había para tanto. Incluso él se arrepintió de haber sido tan tajante con su juicio, porque al cabo del rato me escribió intentando suavizar  las palabras que había dicho hacia un rato. Tomé la decisión de presentarme ahí  y dejarme llevar por mi intuición al verlos.

Llegaron dos horas tarde y cuando los vi aluciné. Era la típica furgoneta cargada hasta los topes, con la baca llena y venían desde Argelia con la casa a cuestas. ¿Quién no ha visto coches así, especialmente viajando por Andalucía, con familias que atraviesan Europa para ir a sus países de origen? Lo que nunca imaginé es que terminaría viajando en uno de ellos.



Cargando la baca 
Cuando los conocí no me causaron ninguna mala impresión. Eran jovencillos y no iban mal vestidos, por suerte no olían mal y se mostraron muy amables conmigo, el coche estaba limpio, abarrotado pero bien, y dieron por sentado que yo viajaría en el asiento de delante. Me dieron una manta, cojines (todo con olor a suavizante recién lavado) fruta y almendras y se desvivieron en atenciones. No eran babosos y no parecía que tuvieran maldad, al contrario, eran extremadamente considerados y amables, me trataron como a una princesita. Lo que sí era cierto de todo lo que me había dicho el chico (que se había bajado antes y no viajaba con nosotros) es que iban terriblemente despacio y que paraban cada dos por tres a rezar. Íbamos los tres primos, un chico suizo estudiante erasmus y yo.

Aquello era una Torre de Babel sobre ruedas: dos de ellos hablaban muy mal inglés y otro solo árabe, sabían palabras sueltas en español y yo algunas en francés. Nos entendíamos con su ingles rudimentario, gestos y onomatopeyas, y además con la ayuda del chico suizo que de vez en cuando traducía al francés, y ellos a su vez lo decían en árabe para que el chico más jovencillo se enterase. La conversación fue muy interesante y estuvimos hablando de todo tipo de cosas: desde asuntos triviales a temas de religión, me contaron muchas cosas del islam que no sabía y la conversación era suficientemente constructiva como para hacerles preguntas y dar mi opinión sobre aspectos delicados, como el papel de la mujer en el Islam. No estaba de acuerdo con muchas de las cosas que decían y dudo que pudiera convivir con ellos en una amistad continuada  pero como compañeros de viaje fueron perfectos. Traían frutos secos, unas pastas caseras riquísimas y los dátiles mas ricos que he comido en mi vida. Todo lo compartían y eran más que amables, extremadamente delicados. Me alegro mucho de haberlos conocidos compartido aquellas horas con ellos. Lo único que extrañé era no poder poner música, ya que uno de ellos era especialmente rígido en temas de religión: ni musica ni contacto físico con mujeres ajenas a su familia, lo que implica que al despedirse de mí no quiso ni darme la mano, pero eso no quita que fuera igualmente cortés y simpático, se preocupara por que estuviera cómodo y me diera conversación y se interesara por el intercambio de puntos de vista más allá de temas superficiales. Se  preocuparon mucho por mí cuando me dejaron en Lyon con el chico de couchsurfing con el que me hospedaron y se ofrecieron a llevarnos en coche donde hiciera falta, ir a cenar todos, e incluso me ofrecieron que durmiera en su casa. Disfruté de todo lo bueno que había oído de la hospitalidadárabes. 

Una sorpresa muy agradable fue despertarme y ver que nos habíamos detenido a descansar, y ver amanecer desde el mar de un modo tan espectacular:


Lyon


Una vez en Lyon y ya instalada en casa de mi anfitrión, fuimos a recorrer la ciudad. Este chico, de origen checo pero criado en Francia, solo lleva dos semanas en Lyon porque acaba de mudarse al haber encontrado trabajo allí, así que conocer los lugares turísticos era una experiencia nueva para ambos. Conocer a este chico que me alojaba ha sido otra de las gratas sorpresas hasta el momento, pero a diferencia de los acompañantes en blablacar de él sí espero algo más que una simple coincidencia pintoresca,  ya que me ha parecido una gran persona cuya amistad merece la pena conservar. Es un viajero empedernido y acaba de regresar de estar un año y pico viajando por Asia haciendo autoestop. Las anécdotas que cuenta son dignas de un guión cinematográfico y las fotos que tiene son fantásticas; tengo unas ganas locas de echarle un vistazo a su blog.


No sabia que Lyon fuera tan ciudad, me la imaginaba más provinciana, pero parece que es la segunda ciudad más grande de Francia, solo superada por París. El centro está muy buen conservado y es muy cuco, con una parte renacentista muy interesante. Toda la cuidad se ha construido a las orillas de un río muy ancho que puede cruzarse por varios puentes. Hay una colina coronada con una iglesia preciosa y desde ahí se pueden admirar unas vistas increíbles de toda la ciudad.


Me gustó especialmente el anfiteatro romano, enorme y muy bien conservado. Parece que con frecuencia se dan conciertos ahí, y además de buena acústica urbe unas vistas sorprendentes de toda la ciudad ya que se encuentra en un punto algo elevado.









El segundo día fuimos a un mercadillo y un mercado tradicional, para luego ir a un parque enorme muy bonito. Es una pena que lloviera y tuviera que ir con  chubasquero la mayor parte del tiempo. Luego fuimos a tomar algo pero, al ser domingo, nos costó horrores encontrar un lugar abierto como el que quería. Mi antojo no era nada del otro mundo: quería un bar donde degustar alguna cerveza local, pero todo estaba cerrado. Solo encontrábamos lugares de comida rápida, sushi barato y kebabs. Finalmente, después de más de una hora y un par de intentos fallidos, hallamos el lugar adecuado, y valió la pena porque estaba la mar de rica. Así como me ha parecido que los supermercados tienen unos precios muy similares a Barcelona, los bares son notablemente más caros: una cerveza cuesta entre tres y cuatro euros, qué locura.




Próxima estación, Chamonix


Luego solo he tenido tiempo de dirigirme al punto de encuentro con la chica que me lleva a Chamonix. Parece muy maja y tranquila, igual que los dos chicos que van detrás. Llevo varios días de mucho tute, por lo que agradezco que el ambiente del coche sea más bien sosegado y vayamos caso todo el tiempo callados, porque así tengo tiempo de descansar y escribir estas líneas.

Llueve con tanta fuerza que parece que vacíen cubos desde el cielo, qué pereza. Aún así el paisaje es precioso y las montañas impresionan, es una pena que con mi cámara no pueda sacar buenas fotos. En una hora llegaré a casa de mi hermanita, qué ganas tengo de verla. Esta noche espero subir esta entrada y en los próximos días buscaré un ratito para contar lo que vea por ahí.

Annecy, la Venecia alpina










Pude pasar muy poquitas horas en Annecy pero suficientes para enamorarme del lugar. Se pronuncia /ansí/, no /anesí/ como yo pensaba. Es otro pueblecito a una hora en coche de Chamonix pegado a un lago impresionante. Como mi Blablacar a Barcelona me recogía ahí a las once de la mañana, me llené de coraje y me pegué un madrugón de campeonato para estar ahí  a las ocho de la mañana y ver al menos lo principal.

Por suerte el lugar lo merecía, porque cuando caminaba por la carretera de Chamonix todavía de noche a las siete de la mañana, con un frío glaciar y habiendo perdido mis guantes, arrastrando mi equipaje por una cuesta llena de barro, sin haber desayunado... En esos momentos empecé a sentirme un poco imbécil.

Me dejaron al lado del lago y ese momento fue increíble, me quedé hipnotizada viendo el agua, y pese al frío estuve ahí casi tres cuartos de hora. Viendo cada detalle, cómo iba cambiando el reflejo y la vista de las montañas del fondo a medida que el sol estaba más alto, habría fotografiado cada instante.

Después paseé por el centro, viendo los canales, la famosa casa en forma de barco,las calles de piedra. Es una ciudad del s. XII contruida inicialmente sobre una isla y pegada a un lago, llena de zonas verdes, puentes y canales; son característicos los edificios con soportales y pintados de colores. Como pega, diría que quizá tiene un punto artificial de escaparate turístico demasiado acentuado, con excesivo número de tiendas de souvenirs o comida típica, pero la verdad es que todo es precioso.










 Para mí ha resultado un lugar mágico, de esos lugares que cautivan e hipnotizan.







  








La concentración de pastelerías de delicatessen también llamaba la atención, pero en ellas, en cambio, sí veía a gente local comprando. En un par de ellas había cola desde las nueve de la mañana, por no hablar de las boulangeries y muchas otras tiendas de comida para llevar elaboradísima, digna de una recepción de embajadores. Me comí el mejor brioche que he probado en mi vida, creo que estaba hecho con azúcar glass, despilfarre de mantequilla y yemas extra, porque la textura, sabor y color eran de otro mundo. Para compensarlo, sus habitantes son especialmente deportistas: a primera hora de la mañana, el lago estaba rebosante de gente corriendo pese al frío y la llovizna, y dicen varias reseñas que es un lugar especialmente volcado al deporte. Muy bien.

Me queda visitar el Castillo, la antigua prisión y pasar más tiempo en sus calles, deseablemente bajo mejor clima. Ha sido el broche de oro a un viaje genial, y no descarto regresar.


Chamonix




Si nunca has estado en Chamonix y alguien te lo describe, probablemente recrees en tu mente un pueblecito de montaña muy parecido a los que salían en los dibujos de Heidi: casas de piedra con tejados abuhardillados y chimenea, balcones y porches de madera, cabañas al estilo cazador con sus maceteros, olor a hornos de leña, callecitas de empedradas por las que también atraviesa un río, y mires donde mires siempre estás rodeado de montañas escarpadas, prados verdes y picos nevados todo el año. Está en los Alpes franceses, pegado a la frontera con Suiza y tiene la suerte de estar justo a los pies del Montblanc.



Mi hermana vive ahí desde hace un par de años y la idea era ir a visitarla, pero también aprovechar para esquiar, ir al rocódromo para escalar un poco, hacer alguna excursión con raquetas, etc. Está claro que el destino no quería que hiciera nada de eso porque ha puesto todo su empeño en impedírmelo: no solo me ha mandado lluvias y mal tiempo sino que se ha ensañado con mi pobre hermana colocándole una contractura en cuello y espalda justo los días en que yo he estado ahí. En fin, no pasa nada, el objetivo principal era disfrutar de tiempo juntas y eso se ha conseguido: hemos podido pasear un poco por el monte, ponernos hasta los topes de quesos, saquear las boulangeries y hacer cocinillas en casa, conocer a sus amigos, etc.; se puede decir con seguridad que el tiempo y los kilómetros recorridos están más que bien invertidos.

Como podéis ver en las fotos, el tiempo era especialmente gris, y tomar fotos en las que se apreciara la altura de los picos y era pedir la luna, ya que se confunden las montañas con la niebla que las cubre.

La suerte de entablar relación con gente que vive ahí es que te transmite una visión lugar desde una perspectiva muy diferente. Mi conclusión por lo que he visto es que la fauna chamoniarda (no es un insulto, los gentilicios en la región se forman así) se divide principalmente en tres bloques: por un lado, los turistas y extranjeros con pasta afincados ahí; por otro, los chamoniardos de toda la vida, en peligro de extinción y los franceses y suizos que prefieren vivir en su paraíso a más de una hora en coche de su trabajo; finalmente, hay un tercer grupo numerosísimo formado por extranjeros o franceses de otras zonas que trabajan en Chamonix en la hostelería y el ocio asociado al alpinismo y el deporte. La segregación entre estos tres grupos es casi absoluta, con algunos pequeños infiltrados entre los locales y los temporeros.


Esto tiene su explicacion, y es que el número de extranjeros afincados o con segundas residencias en Chamonix es muy elevado y encima no resultan del todo simpáticos.Todo comenzó hace poco más de doscientos años, cuando los ingleses empezaron a ir en masa a la zona de Chamoinx porque empezaban a tomar el montañismo como un deporte, y de hecho la palabra alpinismo proviene del topónimo Alpes. La fascinación de los ingleses por la región hizo que vinieran en masa y que, además de pasar largas temporadas, algunos se afincaran definitivamente ahí. Su comunidad es algo parecido a la de los alemanes en Mallorca: son muchos y poco integrados, con su vida en paralelo, sus propios negocios y con un sentimiento de pertenencia al lugar muy arraigado que no agrada demasiado a los nativos del lugar. Para más inri,casi todos los ingleses y extranjeros que van a esquiar y hacer montañismo son pijos de un grado infumable. Toda la calle principal, alrededor de la cual se construye Chamonix, es como un gran Paseo de Gracia alpino: tiendas de ropa (principalmente deportiva) de marcas carísimas, joyerías, peluquerías de lujo, tiendas de souvenirs, restaurantes en los que el precio del cubierto alimentaría a una familia numerosa una semana, etc., pero no es una cuestión de dinero sino de actitud.
Estatua de Jacques Balmat y Michel-Gabriel Paccard, los primeros en alcanzar la cima del Montblanc


Vistas desde la casita de mi hermana

Me contaron que Chamonix es el valle más contaminado de toda Francia, y al verlo tan envuelto en naturaleza me costó creerlo pero lo he comprobado y parece que es cierto. Debido al túnel del Montblanc y a lo cerrado que es geográficamente, el paso de muchos camiones que se dirigen a Suiza, etc, se concentra un grado de polución inimaginable para el que solamente se fija en los montes y prados que lo rodean. Pero sí, no es oro todo lo que reluce.






La gente que, como mi hermana, trabaja en hoteles, restaurantes, pistas de esquí, y demás trabajos puntuales que suelen durar unos cuatro o cinco meses de media, necesitaría una entrada en exclusiva. Son un grupo muy heterogéneo, pero tienen en común el mantenerse al margen de muchos de los valores consumistas y tradicionales de la sociedad actual, y viven muy al día, la mayoría alejados de los valores más materialistas. Carpe Diem es su lema y una búsqueda de libertad, intentando pasar su tiempo libre practicando algún deporte de montaña el motor de su vida, sin mayor planificación que saber que en meses o semanas se les terminará el contrato. Muchos viven parte del tiempo en furgonetas y el invierno en pisos (o podría llamárselos agujeros) compartidos; los más valientes están todo el año en casita móvil, ya que el frío en los Alpes no es ninguna tontería. En realidad, la frase en francés que más he usado estos días además de bonjour y merci bocoup es "je fgggruá", que no se cómo se escribe pero que significa "tengo frío". Me voy por las ramas, para variar...

Como decía, los perfiles son muy distintos: algunos han viajado mucho, son políglotas y tienen miles de aventuras que contar. Sin embargo, otros parecen estar ahí como quien vive la vida en un paréntesis: no hacen nada distinto a lo que harían en su pueblo, no se relacionan más que con un grupo cerrado de personas, no practican el francés ni el inglés, y charlando con ellos no da la impresión de que hayan reflexionado mucho acerca de su vida ni aprovechado en exceso su estancia en el extranjero. Lo que sí los une es el apoyo mutuo y la generosidad con que se tratan. Ya son de por sí gente despegada a las cosas materiales, pero el verse tan lejos de casa los une y les lleva a tratarse como a una pequeña familia. Debo decir que me han recibido y tratado estupendamente y que he sido testigo de alguna despedida de gente que regresaba o se marchaba a otro lugar, y lo cierto es que lo viven como verdaderos dramas.

Os dejo con algunas de las fotos que hice los ratos en que no diluviaba, pese a que la calidad no es muy buena sí os hacéis una idea de lo bello y frío que es el paisaje.