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La casa del Alquimista, un alto en el Camino

Cambio de rumbo


Había terminado mi primera etapa hasta Triacastela, solo había recorrido 20 km pero no era necesario forzar la máquina el primer día. Tenía ya un albergue privado y me había duchado, deshecho la mochila y descansado. Parecía que solo tenía que dejar pasar la tarde, tomar unas cañas con los compañeros de camino y descansar para el día siguiente. Pues no.

Mi amigo Álex, casualmente, estaba haciendo el camino también y creíamos que en algún momento coincidiríamos, ya que él había comenzado en un punto más lejano. Finalmente llegó a Triacastela el mismo día que yo a las 16h y nos tomamos algo, entonces me dijo que su intención era continuar unos pocos km más. Pensé "what the fuck, si llevas ya un montón recorrido solo hoy" y me dijo que le habían hablado de un lugar muy especial que se llamaba Casa del Alquimista a "solo" 8 km de ahí. Lo miro con cara de perdonarle la vida y le digo "llevo AÑOS queriendo ir a esa casa y no he ido por esperarte". Abro mi guía y le muestro la marca del mapa donde pone a mano "Antonio el Alquimista". Me mira, de ríe y me dice: "¡Entonces vamos!".

Claro, lo sensato habría sido decir que no, pues ya estaba cansada y cambiada... ¿Pero quién piensa en lo sensato? Nos pusimos los tres en marcha, y es que había conocido a una chica Checa con la que tuve muy buen presentimiento, Tereza.

Casa de Antonio el Alquimista


Llegamos relativamente tarde, casi las siete de la tarde y se nos recibió con los brazos abiertos. Antonio es un espíritu libre que ofrece su casa particular a cualquier peregrino o persona que desee visitarlo. Acepta la voluntad para cubrir los gastos pero no es un albergue ni nada parecido. En su casa solo hay una regla: el respeto. Dejando eso, toda regla social es cuestionable y disfruta habiendo construido un espacio ajeno a muchas de las convenciones sociales. Además, se dedica a crear cuadros maravillosos hechos de arena de mineral molido, tiene un jardín y una huerta maravillosos y su cocina es de las antiguas, con cocina de leña.


Estuvimos un rato relajados en el jardín y luego preparamos una crema de verduras extraídas de su huerta, ayudamos a preparar la cena y hacer las camas. Delicioso, cenamos junto a otra gente que también estaba de paso y la charla fue poco convencional y amena. Jugamos a un juego que determinó quién fregaba los platos.

Al día siguiente, Antonio me tiro las cartas y me dijo que debía estar atenta a todos los cambios que me sobrevienen para poder aprender la lección que me tienen preparada, relajar la mente y abrir las emociones, y que grandes cambios estaban por venir. No creo mucho en las cartas pero no me parece mal consejo, así que lo tendré presente.

Antonio tiene un espacio maravilloso dedicado a la meditación y Tereza y yo practicamos yoga antes de salir.

La magia de Galicia


Mi jornada se alarga, no tengo tanta energía como el dia anterior, pero me siento tan a gusto con Álex y con Tereza que fuerzo un poquito la máquina. Estas etapas son a través de aldeas y bosques mágicos, con praderas increíbles contrastando con el hedor de estiércol. Cruzamos bosques de eucalipto y nos contamos cuentos de hadas que imaginamos que suceden en esos parajes. Hay tiempo para pensar, para hablar, para reír... Ojalá el tiempo se detuviera en estas jornadas.

Los campos son muy verdes y el cielo gris, siempre sentimos la amenaza de la lluvia pero por el momento se queda en un cielo cascarrabias que no termina de cumplir sus promesas. Las cuestas y bajadas son frecuentes, cosas que desgasta las rodillas, pero mantiene al viajero siempre atento: ahora un bosque, luego una pradera, un riachuelo, luego una aldea, siempre ruidos de animales como perros, gallos, pájaros, vacas... Tan rural que parece de otro tiempo. Galicia es atemporal, ese es su encanto y su condena.

Seguimos teniendo problemas para encontrar albergue, tenemos que llamar y reservar porque todo está completo. Los grupos numerosos son cada vez más comunes y en ocasiones generan tráfico. Son lo más prosaico que tiene la ruta, pero hay que lidiar con ello.

Salida desde O Cebreiro

Preparativos


Comienzo mi tercera edición del camino, lo retomo en O Cebreiro, no sin algunas reservas. Tengo miedo de que esté demasiado masficado y cueste encontrar albergues, y que, por tanto, los grupos grandes asfixien la magia que tienen otras etapas. Pese a todo, tengo muchas ganas de echarme a andar y volver sentir el Camino: el reto físico, conocer a gente distinta, conversaciones inesperadas, imporovisación, vivir austeramente y tener tiempo para pensar.

Mi última semana en Barcelona ha sido una locura. Eran mis últimos días en la empresa y debía dejar todo atado antes de terminar con esta etapa laboral, compaginarlo con ir temprano al nuevo trabajo para recibir la formación mínima, lo que prácticamente implica tener dos trabajos, y al terminar todavía había que preparar todo lo del viaje, cenas y despedidas; ha sido más de lo que mi cuerpo y mi mente están acostumbrados. Finalmente llegó el viernes y me despedí de todos, tomé el AVE a Madrid y cené con unas amigas. Al día siguiente, llegué a o Cebreiro con un blablacar. Todo muy frenético pero finalmente todo ha salido según lo planeado.

Me preocupa que me dejen tirada las botas, y es que he encontrado unos pequeños agujeritos en mis amadas botas de
montaña. ¿Cómo es posible si la última vez estaban perfectas?

Creo que hay una explicación, y es que mis queridos bebés han pasado demasiado tiempo jugando entre mis zapatos. Son adorables pero en el momento de descubrir su fechoría los habría matado. Demasiado tarde para comprar unas nuevas y adaptarme a ellas, todos sabemos que nunca hay que estrenar zapatos en una travesía importante. Me encomendaré a los dioses y esperaré que no se rompan del todo.

Llegada  O Cebreiro


Todos los albergues, públicos y privados, están completos, así que tengo que alquilar una habitación en una pensión. Se confirma el rumor de que no es fácil conseguir alojamiento, pero me lo tomo como una oportunidad de descansar antes de la primera jornada. Casi no he podido ni dormir y, por supuesto, ni siquiera entrenar, así que me vendrá bien reposar.

Mientras ceno, hablo con un señor francés que habla una mezcla extraña de todas las lenguas románicas pero que consigue hacerse entender. Es muy religioso y vive como un vagabundo a merced de la caridad ajena, pero es muy culto e inteligente. Ahora se encuentra haciendo el Camino pero de regreso, así que no coincide con nadie más de una sola noche. A pesar de mis prejuicios iniciales, estoy muy cómoda hablando con él y consigue entender muchas cosas de mi sin apenas conocerme, solo leyendo mi cuerpo y mis parcas palabras. Siempre viene bien recordar que los prejuicios nos limitan y que cualquiera puede aportarnos algo. Bendito camino.

La primera etapa 


Me pongo a caminar con mucha energía, se nota que es mi primera jornada y que ayer descansé bien. Soy consciente de que no podré mantener este ritmo todas las etapas pero me dejó llevar por la euforia. Extrañaba estas partidas al alba en las que el el paisaje va descubriéndose poco a poco.

Galicia me recibe con su niebla característica y agradezco que el calor no nos asfixie. No me cuesta encontrar compañeros de viaje, y prácticamente todo el tiempo estoy con Michael, un alemán que dejó la psiquiatría para escribir libros de autoayuda y viajar. Nos contamos nuestra historia y a ambos se nos saltan las lágrimas.

Llego a Triacastela donde el albergue tiene un larga fila de mochilas esperando, la mayoría de un grupo de estudiantes muy numeroso, así que tengo que ir a un albergue privado. Empiezo a ser consciente de que el alojamiento no es tema de broma en estas etapas.


Me he sentido muy a gusto, el paisaje es uno de los más bonitos del Camino y tengo unas ganas increíbles de seguir la aventura. Todo es verde y abundan las su idas y bajadas, pero por suerte apenas aprieta el sol.









La Porta del Cel, próximo reto montañero


Vacaciones de este año


Este año no hay Camino de Santiago, por falta de tiempo y por otras circunstancias, pero eso no significa que no vaya a tener mi dosis de evasión y regreso a la vida austera del mochilero. Duras jornadas de caminata, refugios poco lujosos, horarios inflexibles, pero mucho contacto con la naturaleza y con uno mismo, el reto mental y la libertad de sobrevivir con lo estrictamente necesario. Ciertamente, lo que para alguna gente es la peor pesadilla para sus vacaciones resulta adictivo para muchos otros, entre los que me incluyo. Este año dispongo de poquitos días de vacaciones así que me divido entre una ruta circular por los Pirineos y un congreso de baile en la playa. Habrá mucha actividad, maravillosa compañía y grandes experiencias, pero cero descanso. Ya sabéis que me va la marcha.

Estoy preparando la Porta del Cel, que en catalán significa “la puerta del cielo”, y estoy realmente emocionada, por la ruta en sí pero también por el reto que supone. Nunca he hecho una travesía tan dura y la estoy preparando bien. Estos días estoy recabando toda la información, ya he cerrado la reserva de todos los refugios, reuniendo todo el material necesario, etc. Estos preparativos del viaje hacen que las ganas crezcan de manera increíble. Nunca he hecho una ruta de estas características: las excursiones difíciles nunca han durado más de un día y el Camino de Santiago, pese a ser más largo, tenía una dificultad moderada, lo que lo convierte en un reto es su duración. Aquí, en cambio, se unen dificultad con duración. ¡Me siento como una niña pequeña antes de descubrir un nuevo mundo!


Características generales


Es una travesía circular que habitualmente se hace en cuatro o cinco etapas, incluye el ascenso a la Pica d’Estats, el pico más alto de Cataluña y uno de los más altos de los Pirineos (3.146 m) justo en la frontera entre España y Francia, pasando algunos tramos importantes en el país vecino.

Los paisajes con increíbles y la dificultad bastante elevada si no se está mínimamente en forma y habituado a la montaña: son 65 km y el desnivel acumulado es de 11.000m, siendo necesario el uso de crampones y piolet durante buena parte del año. Como todo, la dificultad es siempre relativa y depende del bagaje y el estado de cada excursionista, pero para mí supone un buen escalón hacia un reto superior.


Algunas de las maravillas de esta ruta son:

·         Ascensión a uno de los picos más altos de la Cordillera Pirenaica, la Pica d’estats.
·         Paso por el lago de Certascan, el lago natural más grande de los Pirineos Catalanes.
·         Noarre, una agrupación de refugios de piedra usados por los pastores, tiene apariencia de pueblo y está en un lugar recóndito apartado de todo.
·         Lagos increíbles como Estanys Blaus o el de Romedo

La ruta se divide normalmente en cinco etapas y pasa por los siguientes puntos:





Principales incentivos


Parajes impresionantes: toda la ruta es de una belleza espectacular, llena de contrastes, totalmente alejada de la civilización.

Poco señalizado: eso implica aprender a leer mapas sin depender excesivamente de las pintadas en el suelo, orientarte por las indicaciones y haber preparado la ruta. La mayor parte del camino tiene pocas indicaciones y la zona francesa no tiene ninguna. Desde la organización recomiendan ir con GPS o alquilar uno, ir con mapa cartográfico y brújula.

Los refugios: son lugares recónditos tan apartados que tienen que abastecerse por helicóptero, llevado por guardas con verdadera vocación alpinista.

La dificultad: algunas de las etapas son largas y duras, se necesita un mínimo de condición física y no es precisamente un paseo llano. La complicación es directamente proporcional a la satisfacción de lograrlo.



Curiosidades



He leído algunas cosas interesantes sobre la región, por ejemplo que durante mucho tiempo fue zona de brujas, hubo muchos juicios contra mujeres acusadas de brujería a lo largo del s. XV y XVI, y muchas de ellas terminaron condenadas. Se usó esta cacería de brujas a ciegas para someter al pueblo y reafirmar el poder feudal de los señores de estas tierras

Hasta que España formó parte de la UE era uno de los principales pasos de contrabandistas, y se pasaba tabaco, licores, animales, etc, tanto hacia Francia como hacia Andorra.

Debido a que es una zona de difícil acceso, la gastronomía tradicional se basa en todos los elementos de la propia tierra y es completamente autosuficiente. Abunda la caza y el ganado, así como muchos productos recolectados del bosque.