Camino de Santiago, a la tercera vez va la vencida


El Camino crea adicción

Los que en alguna ocasión hemos hecho el Camino de Santiago nos hemos encontrado con peregrinos veteranos: gente que, recurrentemente, ha vuelto a andar el Camino, entero o por tramos, optando por alguna de sus variantes, por ejemplo el del Norte o el Primitivo; a veces es inmediatamente, en ocasiones median muchos años entre cada una de las aventuras, pero a la larga muchos repiten. Se percibe que mucha gente se encuentra a gusto en las jornadas de caminante que expresan su deseo de regresar, aunque luego las circunstancias de su vida no siempre les brinda la oportunidad de hacerlo. 

Recorrer todos esos kilómetros con la mochila puede ser duro: el cansancio físico, el sol, el peso de la mochila, la falta de comodidad, pero algo tiene de adictivo. Al terminar esta fase, algunos sienten añoranza de caminar, una especie de síndrome post Camino, porque la conexión con uno mismo y el crecimiento personal que se produce son indescriptibles. En el Camino se requiere acción y superación, a la vez que la reflexión y la tranquilidad aparecen como arte de magia. Cada uno encuentra lo que busca, pero no de forma mística, sino porque todo está a tu alcance. Tu vida se reduce a lo esencial, y con las vidas tan complejas que llevamos, este es el mejor premio al que podemos optar. Incluso hay quien desarrolla apego a la mochila, la austeridad y la facilidad de establecer vínculos con otros se echan de menos después del Camino.

Algunos acuden por deporte, otros por espiritualidad, otros van sin saber muy bien cómo será. La mayoría se sorprende alcanzando logros que no se imaginaba, pues se tienen por personas poco constantes o nada deportistas. Al final, todo el mundo puede. Otros, en cambio, más arrogantes y seguros aprenden en el Camino que también tienen límites, pues en ocasiones los más fuertes son los que subestiman la dificultad. Es duro, pero te enfrentas a ti mismo, no a los demás, y cuando te examinas siempre tienes algo que aprender. Quien lo ha experimentado, sabe de lo que hablo.



Despójate de tus anteriores Caminos


Sin embargo, al Camino hay que ir con mente abierta, dejar atrás los prejuicios, incluso los buenos recuerdos de otros Caminos. Tengo amigos que, entusiasmados en su primera experiencia peregrinos, se han sentido decepcionados cuando se han calzado de nuevo las botas y se han puesto a caminar, pues su primer recorrido dejó unas expectativas que les han impedido gozar de lo nuevo. El Camino es como el río de Heráclito, nunca se recorre dos veces. Tú habrás cambiado, los acompañantes que se te cruzarán no serán iguales que antaño, ni siquiera el Camino es el mismo.

Temo que me ocurra lo mismo, especialmente ahora que me dispongo a recorrer la parte más turística del Camino. Hasta ahora siempre he pasado por zonas menos transitadas, aunque a medida que me acercaba a Santiago podía sentirse al afluencia de grupos grandes, estudiantes, poco a poco se va volviendo más menos íntimo. Esta vez empiezo en el punto más lejano que llegué, en O cebreiro, y planeo llegar hasta el Mar, donde termina Occidente.



El tramo final y los Turigrinos

Hay que recorrer al menos 100 km para obtener la Compostela, documento que certifica que el peregrino ha realizado las etapas correctamente. Por la ley del mínimo esfuerzo, un porcentaje altísimo de gente decide hacer únicamente ese último tramo con el objetivo de tener su papelito, razón por la que estas últimas etapas están masificadas, llenas de gente que acude al camino sin el mismo interés y la sencillez que en las demás etapas. De acuerdo que el Camino conlleva alegría y vínculos personales, aporta diversión social, pero también tranquilidad y recogimiento, es un ejercicio de respeto y buena convivencia. Cuando se juntan excursiones escolares ruidosas, grupos de gente convencida de por el alboroto del grupo más que de la sobriedad con más espíritu de romería y fiesta que deporte, se pierde parte del encanto.

Empieza a suceder una competición soterrada y maliciosa entre algunos peregrinos: gente a quien le llevan la mochila en coche y se la dejan en la puerta del albergue, temerarios que prácticamente caminan de noche para llegar antes que nadie al albergue, y todo tipo de picaresca que hace que el peregrino que lleva un ritmo normal lo tenga complicado para disfrutar de los albergues. Toca dormir en polígonos, pagar bastante más o unirse al estilo marrullero.


Mi Camino


Me preocupa el ambiente en esta última etapa, si lo recorro es porque quiero experimentar el Camino en su totalidad, pero lo que realmente me motiva es Finisterre. He desempolvado mi guía y mi carnet, veo que le quedan pocos huecos, seguramente tendré que hacerme con un carnet nuevo.

Sé que estas cosas no se pueden pedir, pero, irónicamente, de este Camino espero más que nunca tranquilidad, soledad y reflexión. No digo que no quiera conocer gente, pero voy más a encontrarme a mí misma que a otras personas. 


Estoy muy agradecida a todos los amigos que ya me habéis preguntado si seguiré escribiendo el blog. Claro que sí, esto nació justo para compartir mi recorrido con ese grupo reducido de personas que siempre está ahí.

Cinco palabras palabras cuyo uso real no coincide con el diccionario

Todos sabemos que algunas palabras no se emplean en la calle con el mismo significado que se le atribuye en el diccionario. Es un fenómeno normal y, frecuentemente, estos nuevos usos terminan consolidándose y conducen a una modificación del significado de una palabra. Como ya hemos dicho muchas veces, la lengua no es algo estático sino que está en continua evolución, y si no fuese así todavía hablaríamos latín, o indoeuropeo.

No se trata de poner etiquetas a nadie, si alguien aprende una palabra tal y como la oye, está siendo lingüísticamente competente en su entorno. Me limito a observar tendencias que he notado más allá del uso particular de determinados hablantes.

Estas son algunas de las palabras que oigo a menudo en los medios de comunicación y en muchos hablantes con un significado diferente (incluso opuesto) al normativo:


Deleznable

  • uso extendido: despreciable, moralmente.
  • significado real: inconsistente, que tiende a deshacerse o disgregarse fácilmente.

Se usa con mucha frecuencia, pero en su lugar deberían emplearse términos como "execrable", "repugnante" o "aborrecible".

Enervar

  • uso extendido: poner nervioso, sacar a alguien de sus casillas.
  • significado real: debilitar.

Por influjo del francés, lengua en la que "enervar" sí significa poner nervioso, en español se ha usado cada vez más frecuentemente con esta acepción. Ha ganado tanta fuerza entre los hablantes, que la RAE ya incluye ambas acepciones bajo el mismo lema, aunque sean antónimas entre sí.

Positivista

  • uso extendido: optimista, de actitud positiva.
  • significado real: Tendencia a valorar preferentemente los aspectos materiales de la realidad.

Creo que es un ejemplo de palabra hinchada. Quizá "positivo" u "optimista suena demasiado sencillo y "positivista es más rimbombante. No es que la palabra no exista, es que se usa mal. 

Cansino

  • uso extendido: persona pesada, insistente y aburrida.
  • significado real: persona cansada o cuyas capacidades están limitadas por el cansancio.

Confieso que nunca he oído esta palabra usada en su sentido etimológico, jamás. Según la RAE, en andalucía sí se usa como sinónimo de pesado, pero, según mi percepción, en ningún lugar se usa como sinónimo de agotado. Me gustaría saber qué opinan otras personas y si consideran que el diccinoario debería actualizar este término.

Expirar

  • uso extendido: expulsar el aire.
  • significado real: morir.

He oído tantas veces eso de "respirar, expirar" y todas ellas tengo que contenerme la risa. Ciertamente, son términos muy parecidos, pero una palabra es soltar aire y la otra irse al otro barrio. Nada que ver.


Mujeres atléticas antes que delgadas, un nuevo canon igualmente duro.

          Acabo de leer una noticia (si es que semejante asunto puede ser tratado como noticia, aunque este no es foro para criticar el periodismo actual) que dice que “Los hombres ya no prefieren mujeres delgadas”. Más adelante se especifica que, según datos de un portal de citas, cada vez más hombres se interesan por mujeres atléticas y menos por el prototipo de mujer esquelética. Imagino que muchos perciben esta nueva tendencia como algo positivo. ¿Cuántas veces se ha oído que “las mujeres de verdad tienen curvas”? ¿No se alaba constantemente el canon imperante hace años según el cual una mujer debía estar más bien entrada en carnes y se buscaba la voluptuosidad? El deporte está en auge y parece que está imponiéndose poco a poco un nuevo canon de belleza, el de los cuerpos torneados y musculados. Pues no me parece tan positivo, francamente, no en el contexto en que vivimos y del modo en que nuestra sociedad gestiona estos temas.

          Resulta que no todas las mujeres tienen curvas: las hay altas, bajas, delgadas (a algunas incluso les cuesta engordar), rellenitas, con cintura más o menos pronunciada, pechos de todos los tamaños; tampoco todo el mundo puede mantenerse delgado, ni tiene facilidad para el ejercicio. Todas las constituciones pueden resultar hermosas y cualquier persona tiene derecho a sentirse a gusto con lo que ha obtenido del sorteo genético. De acuerdo, quizá ahora estamos evolucionando hacia un canon físicamente más sano que de la extrema delgadez, pero psicológicamente puede ser igualmente destructivo, por no hablar de las locuras que pueden hacer algunos con tal de lograr un cuerpo sano a toda costa, incluso de su salud. Señores, no se trata de cambiar el modelo sino de mitigar la imposición que hacemos a las personas de verdad para seguirlo. Siempre que haya una idealización de la belleza, no importa cuál sea, este resultará dañino si detrás hay una sociedad obsesiva que nos convierte en meros objetos sexuales.  Lo realmente importante no cambiará, y igualmente habrá personas insatisfechas, gente mutilándose con operaciones, trastornos de la alimentación, sometimiento de emociones profundas a valores superficiales.

          Antiguamente, cuando la comida era un lujo, se preferían cuerpos rechonchos; luego se adoraban las curvas, Hace algunas décadas empezó a idolatrarse la delgadez extrema y se ha llevado hasta límites insanos. Ahora está de moda estar atlético, pero no todo el mundo tiene tiempo para hacer tanto deporte como para reflejarlo en su cuerpo, ni todo el mundo fibra con la misma facilidad. ¿Es que ahora habrá que pasar tres horas diarias en el gimnasio, cambiar la alimentación, tomar proteínas y batidos, castigarse para conseguir o mantener este cuerpo tan difícil de lograr? ¿No es igual torturarse con ejercicio y cambiar la nutrición, sustancias para muscular y otras drogas, operaciones que pasar hambre, usar laxantes y machacarse con ejercicios de cardio para adelgazar? Pensándolo, esta nueva tendencia me parece igual o más dura que la anterior. Si se hace como se ha hecho con la delgadez, cada vez se exigirá una apariencia atlética más extrema; la gente que no pueda cumplir con estos estándares seguirá acomplejada y los que lo consigan se pueden obsesionar por mantenerlo a toda costa.
 

El mismo perro con distinto collar, nada ha cambiado, y al final seguimos empujados a buscar un ideal, una abstracción que nos esclaviza y nos desconecta de nosotros mismos. Se trata de buscar la salud física y mental, no de llevar al extremo imposiciones absurdas. Lo peor de todo es que se logran de manera tan sutil que cuesta huir de ellas. No hay nada más poderoso que aquello que no se explicita y queda asumido como lo natural por la sociedad.





Escribir correctamente, ¿un valor anticuado?


​Textos poco cuidados

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No es inusual hallar faltas de ortografía en textos publicitarios, catálogos, cartas formales, textos corporativos de empresas o manuales. Al contrario, es triste admitir que cuando un texto es correcto y bien estructurado, llama la atención. En muchos otros casos no hay errores pero el estilo es torpe y las estructuras simples, las ideas mal conducidas, poca coherencia estructural y llenos de inconsistencias en la elección del tono, el registro, etc.; la gran mayoría de textos que leo en mi vida cotidiana está mal puntuada y con una estructura de mil demonios, qué decir de los emails (profesionales y personales), participaciones en blogs o comentarios en foros de internet, artículos y textos divulgativos en la red. Si hablamos de carteles públicos, tampoco encontramos mucho rigor, y si nos fijamos en mensajería instantánea estamos ante el apocalipsis lingüístico. Incluso en textos periodísticos (orales y escritos) encontramos meteduras de pata que ponen los pelos de punta.

Todos nos equivocamos, incluso los que ponemos más atención a la lengua tenemos lapsus o cometemos en errores, tampoco hablo de perseguir y apuntar con saña los fallos ajenos, ni flagelarse ante las propias incorrecciones. Tampoco busco una postura elitista ante la lengua, creedme que no, y perdonad si en algún momento lo parece. Lo que no deja de sorprenderme es el pasotismo general cuando se trata de escribir. Gente culta, mucha de ella con carreras universitarias ( ¡algunas no tan alejadas de las humanidades!), catedráticos de universidad, personas con cargos de responsabilidad en empresas, políticos y periodistas, gente de todo tipo Podría poner muchos ejemplos que he observado recientemente: un gabinete de psicólogos que repartía un cuestionario lleno de faltas de ortografía, apuntes de un catedrático de ciencias de una prestigiosa universidad que facilitaba a sus alumnos material académico que apenas se comprende por lo mal redactado que está, hay muchos escritos de empresas multinacionales prestigiosas plagados de incorrecciones e incongruencias, etc. Peor aún, he visto maestros de primaria escribiendo textos penosos sin poner el menor cuidado en en ellos y en el ejemplo que dan a los niños. Alguna gente así lleva años enseñando a las nuevas generaciones, ¿qué se puede esperar de un contexto como este?

Casi nadie se avergüenza de escribir con faltas de ortografía y muy pocos consultan los diccionarios o las gramáticas ante las dudas. Cuando, de Pascuas a Ramos, alguien me consulta un tema en calidad de filóloga, lloro de emoción. En la mayoría de casos, estas dudas no aparecen  porque, ¿para qué preocuparse por algo que no es importante? ¿Quién se hace guiones previos para sus escritos, se preocupa de que las ideas estén bien conectadas y la puntuación sea correcta? Muy pocos.

Como decía antes, lo que me tiene perpleja no es el hecho de que haya errores, sino que la mayoría de personas no considere importante esmerarse en la expresión. Todo se aprende y se mejora, escribir bien no es algo innato sino un trabajo (tampoco demasiado duro) que se realiza a diario.

Un puñado de frikis trasnochados 



Hoy en día, los que nos preocupamos por la corrección lingüística somos, no ya una minoría, sino unos raros, se nos ha colgado el cartel de frikis. Puntillosos y maniáticos que se preocupan por cosas que no son relevantes; de acuerdo, nadie nos dice a la cara que no son importantes pero con su comportamiento se ve que les importa un pimiento. Lo noto en su actitud, pero sobre todo lo noto en el simple hecho de que la calidad de los escritos es pésima. Sin duda, pretender escribir bien es una manía con la que muchos son condescendientes, otros sencillamente la ignoran, pero en cualquier caso resulta extravagante y anticuada, poco práctica.

Escribir bien, para la mayoría de hablantes, no solo no es importante, sino que además se percibe una pérdida de tiempo. Les diría que, si se acostumbraran a escribir con un poco más de mimo, se expresarían mejor sin tener que realizar un esfuerzo extraordinario. Si uno sale a correr todos los días una hora, no e ahoga cuando tiene que apurar para subirse al autobús. Si se mantiene una casa ordenada, no es necesario que pegarse una paliza el sábado para que esté decente cuando lleguen las visitas.

No a todo el mundo le interesa lo mismo ni tiene las mismas escalas de valores, y por supuesto no espero que el mundo entero se desviva por las cuestiones lingüísticas de la forma en que a mí me apasionan, como a mí no me interesan muchos otros temas; solo desearía que se cumplieran unos mínimos que faciliten la comunicación y una inclinación a cuidar más la comunicación. Al final se trata de eso, de ponérselo fácil al lector, de ser más eficientes en nuestro propósito comunicativo. No olvidemos que, al margen de lo que nos interese u ocupe, todo debe hacerse a mediante la lengua, herramienta que construye nuestra realidad y nos permite desarrollar cualquier otra faceta del conocimiento.


Aceptar que el mundo cambia


No estoy diciendo que la gente no se preocupe por sus discursos, solo señalo que la corrección normativa no está precisamente en auge. En cambio, sí procuran introducir tecnicismos y neologismos (startup, stalker, running, feedback, nerd, geeks) y palabras rimbombantes, o términos que se ponen de moda (selfie, resiliencia, ahora suenan mucho). Emplear estas palabras sí aporta prestigio, de la misma manera que resulta interesante estar familiarizados con nuevos conceptos en redes sociales y estar informados de las últimas expresiones o juegos de palabras que están de moda. Interesa mucho más saber pronunciar correctamente palabras inglesas o apellidos extranjeros que escribir nuestro propio idioma con precisión. Es una cuestión de prestigio social que se ha implantado de forma tácita, casi inconsciente, ya que nadie afirma abiertamente estas cuestiones.

Intento analizar la cuestión sin acritud, aceptar que mis valores no están en consonancia con los que imperan en estos tiempos y tratar de no juzgarlos. Me cuesta, se me retuercen las vísceras y me sangran los ojos cuando veo ciertas agramaticalidades; aunque suene exagerado, sufro en ante algunas muestras de el pasotismo, pero también lo comprendo. El cambio de actitud respecto al lenguaje no es un hecho aislado, en los últimos años se han producido una serie de cambios en diversos ámbitos que demuestran que estamos ante una auténtica revolución: la globalización que las nuevas tecnologías traen bajo el brazo, han transformado nuestra manera de hablar, de viajar, de relacionarnos y  de percibir la realidad. Algunos cambios se han producido tan rápido pero de forma tan profunda que han arraigado en nosotros sin que podamos asimilarlos y tomar conciencia de ellos. Realmente, no es necesario comprender, la realidad se impone y punto, el mundo evoluciona y adapta sus valores culturales, proceso del que la comunicación y la escritura no quedan exentos.

En este proceso de aceptación,  intento analizar por qué ocurre este fenómeno. En mi opinión, estos son los factores más determinantes:

Democratización de la escritura. En el primer mundo, todo ciudadano tiene acceso a la escolarización. Antiguamente, leer y escribir era un privilegio vedado a la mayoría, pero ahora la alfabetización ya no es distintivo de clase. Me ha dado la sensación de que en países donde todavía hay desigualdades más acusadas en este aspecto, la gente con dinero se esmera más en dejar patente su nivel cultural. Hoy en día, en cambio, lo que sí nos distingue es el acceso y el conocimiento de la tecnología, la información y una serie de vertientes cosmopolitas, y en eso sí hay orgullo a la hora de exhibir los recursos y el bagaje de cada uno.

Prima la inmediatez sobre la calidad. Vivimos en un mundo en el que la velocidad y la simultaneidad son clave, se impone lo breve e inmediato sobre las ideas desarrolladas y meditadas, ni siquiera el rigor es tan importante como el vértigo que causa la retransmisión en directo de cualquier cosa. No solo en los medios de comunicación, también en nuestra vida privada retransmitida de forma frenética en las redes sociales. Es un ritmo histérico en el que  las noticias son titulares, la vida se mueve en la redes sociales que están en continua ebullición, la gente cita frases en lugar de leer libros. Todo rápido, caduco, en permanente transformación, lo importante es seguir la vertiginosa dinámica de nuestra sociedad, no detenerse en encontrar calidad. Evidentemente, el discurso se ve degradado en pos de la velocidad, y vemos que el rigor y veracidad quedan relegados por el impacto y la supuesta espontaneidad, el resultado es un lenguaje escueto y poco riguroso, lleno de ambigüedades y en muchas ocasiones poco efectivo.

Los modelos lingüísticos. Se consume menos literatura y manuales especializados, pero se lee más que nunca gracias a todo lo que tenemos a nuestro alcance en internet. La gente obtiene información a través de redes sociales, blogs, foros, etc. Sus modelos textuales están empobrecidos y por ello su capacidad de escritura es mucho menos rica. Ganamos en otras cuestiones, no pretendo juzgarlo, pero en riqueza comunicativa salimos perdiendo.

Mal enfoque de la lengua en los planes de estudios. Sinceramente creo que el sistema de escolarización y algunos profesores (¡afortunadamente no todos!) contribuyen a que la lengua se perciba como algo tedioso, lleno de normas y sin un sentido práctico. No comparto los enfoques prescriptivos tanto en lingüística como en docencia, y estoy segura de que si se enseñara de forma más dinámica y ajustada a los intereses reales del alumnado se conseguiría educar a ciudadanos con una competencia lingüística mucho más rica.


Apología del texto cuidado


De acuerdo,  me resigno a que hoy en día la corrección lingüística no sea algo prestigioso en nuestra sociedad. Aun así,  quiero argumentar por qué considero que sí vale la pena esmerarse un poco:

Facilitar la comunicación. El motivo por el que la Academia de la lengua quiso unificar la ortografía y la puntuación era mejorar la comunicación entre los hablantes, simplificar una tarea intrínsecamente complicada, relegar al hablante de la responsabilidad de pensar y disipar dudas. Un texto bien escrito se comprende mejor, es más efectivo en su propósito y permite ahorrar tiempo. Esta es la verdadera razón por la que una norma lingüística tiene sentido.

Respeto por quien nos lee. Esto puede resultar polémico, pero lo sostengo.  Igual que existe una cortesía social que nos enseña que hay que saludar, pedir las cosas por favor, usar el tono de voz adecuado, ir aseados, mantener unos modales en la mesa, etc., también escribir bien es una muestra de consideración hacia quien nos lee. No se nos ocurre ir a una reunión social o al trabajo con una camiseta llena de lamparones, ¿verdad? Para mí una falta de ortografía es como una mancha en la camisa: si accidentalmente ocurre no pasa nada pero mientras esté en mi mano lo evitaré. Es una convención social con un alto grado de arbitrariedad, pero, ¿acaso no lo son casi todos los patrones culturales que seguimos? No son absolutos y podemos vivir sin ellos pero en cierta medida facilitan y regulan la convivencia.

Demostrar conocimiento y rigor. Ya que tenemos la suerte de acceder a una educación,
demostremos, al menos en situaciones formales y convencionales, que conocemos la norma. Igual que nos atenemos a los protocolos sociales, y que en contextos como trabajo o entornos sociales de poca confianza la mayoría de nosotros nos esforzamos por presentarnos como personas razonables, en quien se puede confiar, que conocemos mínimamente el funcionamiento del mundo y poseemos una cultura general, ¿por qué no demostrar también que sabemos escribir? ¿No le daría vergüenza a muchos equivocarse en una operación matemática básica como dos por ocho o errar diciendo cuál es la capital de Portugal?


Escribir bien, una actitud más que una meta



Insisto en no darle un rasgo elitista al hecho de escribir bien, porque la perfección no existe, solamente es un ideal al que aspiramos. Se trata más de la intención que del resultado, una predisposición de buenas intenciones que está al alcance de cualquiera. Comprendo también que las circunstancias actuales y los valores que imperan lleven a relegar la corrección lingüística a un segundo o tercer plano, pero no puedo evitar que me pese. Me confieso una anticuada, pero le tengo cariño a mi manía y por eso he escrito este artículo a modo de reflexión y terapia.

La felicidad no tiene fórmulas ni atajos: la trampa de la autoayuda

Una vida llena de presiones e incertidumbres

Saber qué queremos puede ser difícil, especialmente para los que hemos nacido en un entorno con tantas oportunidades y posibilidades a nuestro alcance. Hijos de la abundancia, con tantos recursos y tantas opciones y demasiado a menudo paralizados ante el sobrecogimiento y a veces el miedo. ¿Miedo a qué? Se supone que con tantas opciones todo está a nuestro alcance, que si no lo logramos es porque no lo hemos intentado con suficiente determinación.

A veces resulta difícil responder a las expectativas que da miedo fallar, incluso nos olvidamos de si lo que queremos lo hemos elegido o nos lo han inculcado a base de tanta repetición; otras, nos sentimos bombardeados con tanta presión (bienintencionada, pero igualmente dañina) que nos bloqueamos y no sabemos hacia dónde caminar.


La luz al final del túnel... o no


Hay muchos vídeos motivadores en la red mostrando gente en condiciones durísimas que logran sobreponerse y finalmente lograr metas mucho más ambiciosas que gente que aparentemente no tenía dichos impedimentos. Lo último que quiero es restarle mérito a esta gente, tienen todo mi respeto y admiración. Pero creo que en su caso ha habido una selección natural: como no basta con una fuerza de voluntad media, o sobresalen mucho o se hunden, por eso muchos de ellos han llegado tan lejos.
 
Mientras vemos esos vídeos, parece admirable que, habiendo gente con este empeño y energía, condicionantes físicos y de salud serios, situaciones personales insostenibles, golpes de mala suerte, etc, y que ha podido salir adelante sea de  podido salir adelante y por momentos se nos contagia el optimismo. Comparando con sus estados de partida, resulta ridículo que haya depresiones, ansiedad, trastornos de la alimentación, fobias, etc. entre gente corriente. Parece que con un par de pensamientos sencillos, algunos modelos adecuados y poco más podamos encontrar la receta de la felicidad. Insisto en no querer restarle valor a sus testimonios, pero ni la felicidad es una receta ni está en los vídeos, conferencias o

libros de autoayuda.


Felicidad sin recetas


La felicidad es algo más complejo que cuatro directrices y un firme propósito y no cabe en una fórmula. Pero estos discursos nos hacen creer que sí. Por instantes, parece que podemos comernos el mundo, pero luego chocamos con las viejas dinámicas y la cruda realidad, y nos sentimos flojos, más frustrados que antes. Se refuerza ese sentimiento de que lo que nos ocurre es culpa nuestra ya que, si la felicidad es tan sencilla, si no lo soy es porque hago algunas cosas realmente mal. En mi opinión, esa es la trampa de estos discursos sencillotes, que solo dan generalidades, que resumen en dos frases elementos complicados, cuestiones más arraigadas a sentimientos profundos y no siempre conscientes. No digo que la felicidad no sea posible, tampoco que no debamos alabar y pensar en esta gente tan admirable. Pero para cambiar nuestras vidas faltan más cosas que dos sonrisas y cuatro propósitos semanales.


La vida es complicada y los seres humanos también. También somos capaces de crear belleza y sentimientos hermosos, pero nunca con una base fácil, y mucho menos rápida. En un mundo de la inmediatez, también queremos encargar la felicidad como quien pide comida rápida y eso no es posible. Una vida complicada exige, por fuerza, una solución complicada. Fuera tópicos, fuera recetas, y viva el autoconocimiento, el trabajo diario, las contradicciones, los altibajos, como la vida misma.

Algunos falsos anglicismos



Falsos anglicismos



Es mejor hacer running que ir a correr; las opiniones e impresiones ya no cuentan, solamente nos importa el feedback; cool es siempre mucho más interesante y lo fashion va mucho más allá de una simple moda, algo parecido con los foodies, que han desterrado de una vez por todas a los simples gourmets. En las escuelas ya no hay acoso, pero desgraciadamente el bullying va en aumento de forma espeluznante, y lo mismo en las empresas, solo que ahora que se llama mobbing parece que nos preocupa más. La lista de ejemplos es inagotable, y es que cada vez hablamos más spanglish. Lo digo sin ningún tipo de alarma ni ánimo de crítica, es un hecho contrastado, me limito a señalar un hecho evidente para cualquier hablante. Tampoco me gusta juzgar los nuevos fenómenos lingüisticos, ya que la comunicación es algo vivo que no puede encauzarse a capricho. Si fuera una planta, no se parecería en nada a un jardín cuidado y recortado, sino que sería más bien una selva que se expande sin mesura ni contención.

 ¿Quién no usa palabras o expresiones inglesas hablando español? El que esté libre de pecado que tire la primera piedra.  Todos, incluso aquellos que no tienen ni papa de inglés, las usamos. Palabras sueltas, frases, incluso adaptaciones cómicas del inglés. En nuestra vida diaria, la publicidad, etc., encontramos este fenómeno constantemente y no solo en las comunidades bilingües; los puristas podrían calificarlo de plaga, los que somos más relajados sencillamente observamos el fenómeno con curiosidad. Debido al prestigio y poder que tiene la cultura angloamericana, y a través de las redes sociales, el cine, la publicidad, su presencia en las empresas, la tecnología, el hecho de que se haya convertido en una lengua franca, y muchos otros factores, es inevitable que penetren en nuestra cultura y nuestro modo de hablar. 
 

Sin embargo, es gracioso ver que algunos supuestos neologismos son invenciones del español, son los llamados falsos anglicismos. No existen en la lengua de Shakespeare o se emplean con un significado totalmente diferente. Algunos son transparentes, pero otros pueden llevarnos a confusión. No hay nada malo en usarlo, pero puede ser interesante saber cuáles son, especialmente para no meter la gamba cuando queramos hablar inglés.



Footing

Lo recoge el DRAE y, hasta hace dos días, cuando estalló la moda del running (es decir, que todo el mundo se echó a correr de golpe), era la palabra que la gente usaba en español para correr.

La lógica es aplastante:
[foot=pie] + [-ing=práctica de un deporte].

Pues no, en inglés toda la vida se ha dicho jogging, y si le hablamos a un extranjero de ‘footing’ pondrá la misma cara que si le hablamos de chirigotas.

Puenting

Esta es especialmente graciosa ya que a una palabra Española, ‘puente’, se le ha añadido una terminación –ing y a correr. Vamos, que nos lo inventamos y nos quedamos tan panching.

En inglés es bungee jumping, y como se comprobó en la tragedia

Parking

De nuevo la tendencia a que cualquier cosa puede llevar –ing detrás y ya es inglés

En inglés existe la palabra park, que significa ‘estacionar’, y parking es su gerundio. El lugar en sí se conoce como car park.

Autoestop
 
La misma deducción que en los casos anteriores, con poner un término inglés ya nos suena mejor que si lo decimos en castellano viejuno. El DRAE recoge autoestop, con e protética y todo, que se note que la pronunciación castiza es ‘estop’.

[auto=coche] + [stop=parar]

La expresión usada en inglés es hitchhike. Por cierto, si queréis que os recojan en oro país informaos de cuál es el gesto utilizado pues, aunque en la mayoría de países es habitual colocar el pulgar hacia arriba, en algunos lugares emplean otros gestos.

Lifting

Un caso más de la larga lista de ings inventados por los hispanohablantes. Si en inglés decimos lifting sin más, no van a entendernos; la expresión correcta es face-lift.

Crack

“Fulanito es un crack en las mates” y frases similares están en boca de todos. Efectivamente, la palabra crack viene del inglés pero en esa lengua solamente la usan con el significado de ‘grieta’ o para referirse a determinada droga.

Para decir que alguien es extraordinariamente bueno en algo dicen champion, star, ace o whiz, entre otras opciones.

Freaky
 
Probablemente uno de los neologismos que han llegado con más fuerza a nuestra lengua. Lo usamos para referirnos a gente un poco rara o muy obsesionados con un tema en particular. Aunque puede ser peyorativo, muchas veces se usa de forma neutra o con sentido del humor, sin que nadie se ofenda si lo llaman freaky de algo que lo apasiona, más bien al contrario. El término adecuado en inglés sería nerd o geek. 

En inglés existe freaky pero se emplea para referirse a cosas raras no solamente en el sentido de insólito sino también desagradables, además es un insulto y no debemos utilizarlo a la ligera. Otra acepción común en inglés es la de rareza sexual.

Smoking


Derivado de smoke, “humo” o “fumar”, solamente se usa en inglés para referirse al tabaco, pero nunca para el traje formal de hombre. En ese caso usan tuxedo.




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La Porta del Cel, próximo reto montañero


Vacaciones de este año


Este año no hay Camino de Santiago, por falta de tiempo y por otras circunstancias, pero eso no significa que no vaya a tener mi dosis de evasión y regreso a la vida austera del mochilero. Duras jornadas de caminata, refugios poco lujosos, horarios inflexibles, pero mucho contacto con la naturaleza y con uno mismo, el reto mental y la libertad de sobrevivir con lo estrictamente necesario. Ciertamente, lo que para alguna gente es la peor pesadilla para sus vacaciones resulta adictivo para muchos otros, entre los que me incluyo. Este año dispongo de poquitos días de vacaciones así que me divido entre una ruta circular por los Pirineos y un congreso de baile en la playa. Habrá mucha actividad, maravillosa compañía y grandes experiencias, pero cero descanso. Ya sabéis que me va la marcha.

Estoy preparando la Porta del Cel, que en catalán significa “la puerta del cielo”, y estoy realmente emocionada, por la ruta en sí pero también por el reto que supone. Nunca he hecho una travesía tan dura y la estoy preparando bien. Estos días estoy recabando toda la información, ya he cerrado la reserva de todos los refugios, reuniendo todo el material necesario, etc. Estos preparativos del viaje hacen que las ganas crezcan de manera increíble. Nunca he hecho una ruta de estas características: las excursiones difíciles nunca han durado más de un día y el Camino de Santiago, pese a ser más largo, tenía una dificultad moderada, lo que lo convierte en un reto es su duración. Aquí, en cambio, se unen dificultad con duración. ¡Me siento como una niña pequeña antes de descubrir un nuevo mundo!


Características generales


Es una travesía circular que habitualmente se hace en cuatro o cinco etapas, incluye el ascenso a la Pica d’Estats, el pico más alto de Cataluña y uno de los más altos de los Pirineos (3.146 m) justo en la frontera entre España y Francia, pasando algunos tramos importantes en el país vecino.

Los paisajes con increíbles y la dificultad bastante elevada si no se está mínimamente en forma y habituado a la montaña: son 65 km y el desnivel acumulado es de 11.000m, siendo necesario el uso de crampones y piolet durante buena parte del año. Como todo, la dificultad es siempre relativa y depende del bagaje y el estado de cada excursionista, pero para mí supone un buen escalón hacia un reto superior.


Algunas de las maravillas de esta ruta son:

·         Ascensión a uno de los picos más altos de la Cordillera Pirenaica, la Pica d’estats.
·         Paso por el lago de Certascan, el lago natural más grande de los Pirineos Catalanes.
·         Noarre, una agrupación de refugios de piedra usados por los pastores, tiene apariencia de pueblo y está en un lugar recóndito apartado de todo.
·         Lagos increíbles como Estanys Blaus o el de Romedo

La ruta se divide normalmente en cinco etapas y pasa por los siguientes puntos:





Principales incentivos


Parajes impresionantes: toda la ruta es de una belleza espectacular, llena de contrastes, totalmente alejada de la civilización.

Poco señalizado: eso implica aprender a leer mapas sin depender excesivamente de las pintadas en el suelo, orientarte por las indicaciones y haber preparado la ruta. La mayor parte del camino tiene pocas indicaciones y la zona francesa no tiene ninguna. Desde la organización recomiendan ir con GPS o alquilar uno, ir con mapa cartográfico y brújula.

Los refugios: son lugares recónditos tan apartados que tienen que abastecerse por helicóptero, llevado por guardas con verdadera vocación alpinista.

La dificultad: algunas de las etapas son largas y duras, se necesita un mínimo de condición física y no es precisamente un paseo llano. La complicación es directamente proporcional a la satisfacción de lograrlo.



Curiosidades



He leído algunas cosas interesantes sobre la región, por ejemplo que durante mucho tiempo fue zona de brujas, hubo muchos juicios contra mujeres acusadas de brujería a lo largo del s. XV y XVI, y muchas de ellas terminaron condenadas. Se usó esta cacería de brujas a ciegas para someter al pueblo y reafirmar el poder feudal de los señores de estas tierras

Hasta que España formó parte de la UE era uno de los principales pasos de contrabandistas, y se pasaba tabaco, licores, animales, etc, tanto hacia Francia como hacia Andorra.

Debido a que es una zona de difícil acceso, la gastronomía tradicional se basa en todos los elementos de la propia tierra y es completamente autosuficiente. Abunda la caza y el ganado, así como muchos productos recolectados del bosque.